Traumatismo Dental

Los traumatismos dentales pueden producir desde una simple rotura del esmalte hasta la salida completa del diente de su alojamiento. La clasificación de los traumatismos dentales se refiere a las lesiones de los tejidos duros dentales (si afecta a la corona, raíz del diente o ambas) y de la pulpa, así como a la de los tejidos, mucosa y hueso que sostienen al diente (si se produce movilidad o desplazamiento del diente)

Los traumatismos dentales pueden afectar tanto a la dentición temporal (de leche) como a la definitiva.

La situación más urgente y que requiere mayor colaboración del paciente se da cuando un golpe o caída provoca la salida completa de un diente permanente de su alojamiento en el hueso de la cavidad bucal. Se debe actuar con rapidez y seguir una pauta concreta.

Se suelen afectar con más frecuencia los dientes antero-superiores y normalmente está comprometido un solo diente.

El tratamiento ideal es el reimplante inmediato, cuanto más rápido se realice, mejor será el pronóstico. Así el 95% de los dientes reimplantados después de 2 horas tras el traumatismo pueden presentar complicaciones. Aunque la reimplantación del diente, no está indicada en todos los casos. Cuando el reimplante inmediato no es posible el medio de conservación del diente hasta que reciba tratamiento es de vital importancia.

El diente no se puede secar al aire, debe estar húmedo en todo momento. Si se almacena en medios no adecuados se destruyen las células del ligamento dentario y el reimplante fracasará. Por tanto, se debe mantener en un medio lo más fisiológico posible para que las células se mantengan vitales.

Los medios de conservación más aconsejables son el suero fisiológico, la leche o la saliva. La leche es casi fisiológica y no presenta contaminación bacteriana. Las células pueden conservar así su actividad varias si se pospone el reimplante.

El suero fisiológico es muy buen medio de conservación, pero el inconveniente es que no suele estar tan disponible en una situación urgente.

La saliva es un medio menos favorable, porque presenta contaminación bacteriana.

Si usamos saliva, colocando el diente en la boca del niño o de la madre tendremos como tiempo máximo 2 horas antes del reimplante.

El diente no se puede cepillar ni lavar bajo ningún concepto, pues dañaríamos irreversiblemente las células del ligamento y no sería posible el reimplante. Tampoco se debe tocar la raíz del diente, se debe sujetar únicamente por la corona.

Si no disponemos de ninguno de los medios descritos debemos evitar que se seque al aire, colocándolo en un vaso de agua o envolviéndolo en una toalla húmeda, aunque no sea lo ideal.

Si el dentista aconseja reimplantar el diente permanente en la boca, lo inmovilizará colocando una unión para apoyarse en los dientes vecinos.

Cuando acuda a la consulta dental, el dentista valorará si está indicada la reimplantación del diente, pues no lo está en todos los casos (caries avanzada, poco espacio, fracturas del hueso).

Se recomienda no morder con el diente reimplantado, tomar una alimentación blanda, rica en proteínas, incrementar la ingesta de los líquidos, el uso de colutorios y mejorar la higiene.

Para obtener una curación óptima su dentista le indicará si debe administrarse la protección antitetánica (antes de 48 horas), le prescribirá un tratamiento antibiótico, una radiografía y valorará si debe realizar la endodoncia (desvitalización del nervio) de la pieza afectada.

La pérdida de un diente es una experiencia negativa para cualquier paciente y mucho más si es un niño. Aunque el pronóstico del reimplante a largo plazo es reservado, puede mantenerse en la boca durante años.

Este intervalo de tiempo sirve para que el paciente valore la necesidad de una protesis. Además el mantenimiento del diente tiene la ventaja de proporcionar estetica, función, y de servir como mantenedor del espacio natural, pues guía a los dientes vecinos a ocupar su posición correcta en la arcada.